Hace mucho que no actualizamos el blog, es que el verano nos tiene muy ocupados… Vamos a trascribir unos mails que nos han llegado al correo, y desde luego que creemos que merece la pena publicarlos, y sobre todo darle las gracias a Amaia, que con su juventud, nos hace reflexionar un rato:
Hola! Soy Amaia Miranda. Envio este e-mail para que recibais las fotos que hice del concierto que tuvo lugar el martes 11 de agosto en la iglesia de Nuestra Señora de la Natividad, en Puente Pumar; y el siguiente texto para que lo subais junto con las fotos al blog en el que publicais las fotos de los diferentes conciertos del circuito. (Al menos si es de vuestro agrado)
“Cuentan que al destruirse del todo la materia queda en su lugar un sonido. Quizás por eso la música es capaz de profundizar en nosotros, de conseguir relajar, alegrar, entristecer. Emocionar. Imaginar el lugar en el que fue escrita, y pensar cual fue la inspiracion del músico en cuestión. O, simplemente, cerrar los ojos y dejarse llevar. Un acantilado, olas, tormenta, calma, espuma, atardecer.
Al estar en este concierto, pude sumergirme en otro mundo, cerrar los ojos….. y volar.”
Un cordial saludo, Amaia Miranda.

Y en el siguiente mail que trascribimos, es dónde Amaia se nos presenta:
“Soy una chica de 15 años, 16, en breve. LLevo subiendo a Puente Pumar, Polaciones, desde que nací, e incluso antes, cuando subía mi madre estando embarazada. Pase allí todos los veranos, y parte de los inviernos de mi infancia, pero con el tiempo fui olvidadon la felicidad que significaba montarse en el coche y afrontar dos horas de viaje para llegar a aquel lugar de paisajes espectaculares, las historias de mi abuelo y la cocina de mi abuela. Empecé a odiarlo. Aislada, sin internet y apenas cobertura, en verano demasiado calor, y en invierno demasiado frio. Los años iban pasando y cada vez que en casa me comunicaban que teníamos que subir, era motivo de discusión asegurado. Una tarde de diciembre cogí mi camara de fotos y salí de casa. Llovía. Y entre lágrimas y recuerdos salí a descubrir un lugar que dejé aparcado en mi memoria hace demasiados años. Me sumergí entre el aroma de los fogones de cada casa, el calor de cada chimenea, y los colores del invierno. Entre vidas pasadas y futuros no tan lejanos. Partidas de tarde de domingo, paisajes de postal, y la familiaridad y voluntad de las personas ante cualquier problema, por pequeño que sea. Abrí los ojos y pensé en lo ciega que había estado. A veces la felicidad esta delante de la nariz, pero la nariz es demasiado larga para dejarnos verla. Las depresiones hicieron sus maletas y les cogieron el gusto a las vacaciones. Un verano sin Polaciones no sería un verano. Ahora todo ha sufrido una metamorfosis, y la vida, y los colores, florecen con cada primavera. Como yo, cada vez que vengo aquí.”